Crónicas de un divorcio interrumpido.
Apenas él le miraba el alma, a ella se le caía el corazón, caía en lágrimas,
en salvajes gritos, en fuertes exhalaciones. Cada vez el procuraba alejar las
condolencias, ella se enrollaba en una bola de quejas y los dos tenían que
encontrarse cara a cara, sintiendo como poco a poco los anillos de conexión
los empujaban, se iban conectando, reduciendo sus espacios hasta quedar unidos
como el viñedo del patio al que se le han dejado caer unas lágrimas de dolor.
Sin embargo, era apenas el inicio, porque en un momento dado ella se
lastimaba con los recuerdos, cada que él se aproximaba suavemente a sus labios.
Apenas se abrazaban, algo como una fuerza los unía, los separaba, los
lastimaba.
De pronto, era el amor, la atracción sexual de los cuerpos, la sensación
de ser el amor del otro, los procedimientos para cortejar a la pareja en
ambiente armonioso funcionaban. ¡Sexo! ¡Sexo! Gritos desesperados en la cama
del dúo, se metían bajo las sábanas, jugaban, amaban.
Temblaban del cansancio, se vencían sus cuerpos ante el deseo, todo
quedaba en el punto de armonía, en melodías de amor que los unían para siempre,
dejando atrás lo que los atormentaban, dejando triunfar el amor.
Oliver Jiménez
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