jueves, 8 de septiembre de 2016

Crónicas de un divorcio interrumpido.

Apenas él le miraba el alma, a ella se le caía el corazón, caía en lágrimas, en salvajes gritos, en fuertes exhalaciones. Cada vez el procuraba alejar las condolencias, ella se enrollaba en una bola de quejas y los dos tenían que encontrarse cara a cara, sintiendo como poco a poco los anillos de conexión los empujaban, se iban conectando, reduciendo sus espacios hasta quedar unidos como el viñedo del patio al que se le han dejado caer unas lágrimas de dolor.

Sin embargo, era apenas el inicio, porque en un momento dado ella se lastimaba con los recuerdos, cada que él se aproximaba suavemente a sus labios. Apenas se abrazaban, algo como una fuerza los unía, los separaba, los lastimaba.

De pronto, era el amor, la atracción sexual de los cuerpos, la sensación de ser el amor del otro, los procedimientos para cortejar a la pareja en ambiente armonioso funcionaban. ¡Sexo! ¡Sexo! Gritos desesperados en la cama del dúo, se metían bajo las sábanas, jugaban, amaban.


Temblaban del cansancio, se vencían sus cuerpos ante el deseo, todo quedaba en el punto de armonía, en melodías de amor que los unían para siempre, dejando atrás lo que los atormentaban, dejando triunfar el amor.

Oliver Jiménez

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